Posteado por: plastilupe | agosto 21, 2009

Colima Retro

Colima es un lugar mágico donde el tiempo se mueve lento. Llegar allá es un camino por el sur de Jalisco, pasando pueblos somnolientos y cicatrices de lagos que levantan tolvaneras como una bruma que te transporta a otro mundo que se abre con la visión de un volcán orgulloso (Volcán de Fuego); para después bajar por un terreno resquebrajado, con cañadas y huellas de una pasado geológico atormentado.

Tolvanera a lo lejos

Tolvanera a lo lejos

La ciudad de Colima está en un valle, a una altura ideal para ofrecer un clima delicioso. Sus calles están bien trazadas, lo que la hace de fácil tránsito y en ningún momento nos encontramos con embotellamientos. Por todas la ciudad se leen espectaculares de propaganda del estado otorgándose el primer lugar en calidad de vida, no se citan las fuentes en letras chiquitas, pero si uno no tiene muchas pretensiones, este lugar puede parecer un paraíso.

Nos hospedamos en el Hotel Flamingos, un edificio de varios pisos cerca del Jardín Ñuñez. El lobby tapizado de madera, las escaleras amplias, las baldosas de los pisos, los azulejos turquesa, el mobiliario geométrico y la pareja mayor que lo administra, en conjunto me transportaron a los años setenta en la época dorada en la que mis abuelos vivieron aquí, de la que tantas historias he escuchado y de la cual siento nostalgia, aunque nunca la viví.

Uno debe visitar Colima sin expectativas, ya que no encontrará un gran auge cultural, una excitante vida nocturna o una exquisita arquitectura colonial. Más bien ofrece la posibilidad de apreciar la vida provinciana en su más pura simplicidad: aquí el encanto está en la cotidianidad. Aún así hay varias cosas que puedo recomendar que ameritan una visita: La Pinacoteca Universitaria Alfonso Michel tiene una pequeña, pero interesante colección permanente, así como exposiciones de arte contemporáneo en un ambiente museográfico moderno y bien estudiado. El Museo de Artes Populares entre el caos y el desorden guarda joyas artesanales, así como un taller de cerámica donde se hacen réplicas de los famosos perros colimeños (este excelente artículo de la revista Arqueología Mexicana nos relata sus orígenes). La Universidad Autónoma y sus nuevas instalaciones son una interesante muestra de la influencia política que tiene en el estado. Villa de Alvarez es un poblado que ya es parte de la ciudad, pero conserva su plaza rodeada de portales de madera y teja, su mercado, y su curiosa iglesia.

Para mí Colima siempre fue un mito, pero una vez que re-conocí el estado me enamoré de él. Entre sus playas y sus campos, su pueblos y sus zonas mágicas; sentí que vivía en otro mundo, otra época. Pero fue tanta mi sorpresa y agrado que lo que me queda por contar lo dejo para otra entrada.

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